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viernes, 9 de enero de 2015

Un azor entre la gente



Un azor joven (Accipiter gentitlis) decidió pasar el otoño en los Sotos de la Albolafia, tal vez nació en la sierra de Córdoba o pudo llegar de más lejos, pero era la primera vez que hemos visto la especie en este paraje. La elección no estuvo mal porque la abundancia de potenciales presas le ha proporcionado alimento al menos por tres meses, durante el periodo más crítico de la vida de un azor, cuando deja de ser alimentado por sus progenitores y tiene él solito que buscarse el pan de cada día. Ver un azor casi diariamente da para mucho, comparto con vosotros algunas observaciones y reflexiones.
  • La mayoría de los intentos de caza los realizó sobre las palomas, casi todos fueron fallidos, en solo dos ocasiones observé la captura de sendas palomas. La técnica de caza fue el acecho, la mayoría de las veces camuflado en un árbol próximo a un islote que las palomas usaban como bebedero y lugar de baño; otras veces usó como posadero el molino de Enmedio, una vez se escondió en la noria del molino de la Albolafia y, otra, entre la vegetación palustre. Algunas tardes lo vimos acechando desde un árbol seco y capturar lo que podría ser una rata. No vimos ataques a ánades aun siendo muy abundantes, tampoco a los patos criollos que deambulan por la zona, éstos se acercaban al azor cuando estaba posado en el suelo, no siempre se tiene la oportunidad de ver una rapaz cerquita... Vimos alguna pasada, no sabemos con que intención, a los martinetes. Lo sorprendente fue la captura de dos gaviotas sombrías, una joven y otra adulta de la que se alimentó durante tres días.
  • Un habitual del lugar, el cernícalo vulgar, no le hizo mucha gracia su presencia y cada vez que lo veía chillaba y lo hostigaba con rápidas pasadas. Alguna vez consiguió levantar el azor del posadero, otras fue él quien se cansó y tuvo que buscar sus presas en otra parte.
  • Recuerdo un artículo de Eugenio Domínguez donde señalaba que uno de los problemas de un río natural es que las cagadas de las aves suponen un problema para los monumentos. Sin embargo, esa afirmación no se ajusta a la realidad, sino más bien al contrario. Las especies fluviales raramente se paran en los edificios del entorno y, además, aves como el estornino usan el río como dormidero evitando que se instalen en lugares públicos Córdoba no presenta el problema que existe en otras ciudades donde la especie ensucia con sus excrementos el pavimento y los vehículos. Además, el río, como un espacio natural en la ciudad, favorece la entrada de rapaces como el azor, el ratonero, el águila calzada, el gavilán e incluso algún halcón peregrino que predan sobre especies que por su número ocasionan problemas como las palomas o las ratas. Con el tiempo algunas de estas aves pueden asentarse en la zona. En Europa hay parques donde anidan los azores y en numerosas áreas periurbanas las águilas calzadas son cada vez más frecuentes.
  • Señalar que el azor es beneficioso también para las palomas, Cuando una población es muy numerosa hay efectos negativos tanto para el medio como para la misma especie. Altas densidades favorecen la transmisión de enfermedades contagiosas o el debilitamiento de los ejemplares por la competencia por el alimento. Años atrás era habitual en otoño la imagen de palomas moribundas en los pilares del puente, este año solo hemos observado un ejemplar muerto.
  • El tramo urbano del Guadalquivir es un excelente lugar para observar y tomar imágenes de la fauna salvaje. Como toda actividad humana, la fotografía de naturaleza, sino se cumple un estricto código ético, es un problema para las especies más vulnerables. Los animales que frecuentan el río al estar acostumbrados a la presencia de personas permiten la buena toma de imágenes con el mínimo de molestias.
  • Pronto tendremos en Córdoba el Mercado Medieval, con su habitual número de cetrería. Rapaces de diferentes partes del mundo expuestas a las gritos de una multitud. Prefiero verlas en libertad, es más emocionante ver una calzada elevarse sobre el cielo, un cernícalo primilla capturar un murciélago o localizar entre los árboles de los Sotos donde se oculta el azor. Me da la impresión que la cetrería está de moda y ahora se compra una rapaz con relativa facilidad, riegos por el tráfico ilegal de especies y por los escapes de especies exóticas, como el de un halcón de Harris que estuvo en primavera por los Sotos de la Albolafia.
El joven azor dejó de verse, espero que la causa de su ausencia sea porque igual que yo conocía sus habituales posaderos las palomas habían aprendido a localizarlo y evitaban ponerse en los lugares más vulnerables a su ataque. Tal vez ande por ahí, a unos pocos cientos de metros, al acecho de su sustento diario.

2 comentarios:

Alberto Plata dijo...

Gran documento Diego! Mi enhorabuena!

Jose Ruiz dijo...

Hola Diego,
Un bonito documental y buen seguimiento de esa preciosa ave. Le he estado un vistazo a tu blog y me ha parecido muy interesante así que a partir de ahora tienes un nuevo seguidor y te enlazo en el mio.
Un saludo y a ver si nos volvemos a ver por aquí por Doñana que ya hace tiempo que no coincidimos