Contagiados por Don Julio, el maestro, una pandilla de chavales aprovechábamos las tardes para ver pájaros visitando, para ello, el arroyo Pedroche que bordea por el este la ciudad de Córdoba.
Martines pescadores, lavanderas, espurgabueyes, eran las aves que lográbamos distinguir por entonces. También nos llamaba la atención otro “pájaro” que nos salía volando de nuestros píes a la vez que emitía un chaach (sonido copiado literal de la Guía de Aves de España) para pararse unas decenas de metros mas allá; a pesar de nuestros esfuerzos nunca conseguimos verla posada ya que la agachadiza común (Gallinago gallinago) precisamente se agacha y se funde con el entorno.
Desgraciadamente esta agachadiza es cada día más escasa como nidificante en la Europa meridional, estando catalogada como especie en peligro de extinción en España con unas decenas de parejas que crían en Gredos y Galicia.
Sin embargo, esta rarefacción todavía no ha llegado a tal punto de hacerla un ave escasa en los meses fríos, siendo habitual encontrar este limícola en invierno en toda Andalucía, especialmente en las zonas fangosas del Guadalquivir.
La costumbre de ver personas sin intereses cinegéticos hacen que las agachadizas urbanas se muestren más bien confiadas y lejos de pegarse contra el suelo al notar la presencia de algún humano, nos ignora y esto hace posible verla introducir su pico en el lodo en busca de invertebrados que constituyen su dieta básica.
Esperemos que nada impida que otros niños a los que nuestro amigo Julio le sigue “llenado la cabeza de pájaros” puedan seguir contándole que vieron un ave de pico largo que les salió de los pies y hacía chaach...

